martes, 16 de febrero de 2010

Decálogo para el estudiante universitario exitoso

Decálogo para el estudiante universitario exitoso

De: Marisa Regueiro


  1. Piensa que la universidad es una de las más importantes y decisivas oportunidades que te brinda la vida. Muchas personas no cuentan con este privilegio. Tu esfuerzo en el estudio es la mejor inversión para tu futuro profesional y personal, como un ser pensante, crítico, que no desperdicia sus talentos, sino que los va incrementando cada día.
  2. No creas que la universidad es un mundo aparte, lleno de complicaciones o de posibilidades de fracaso sólo superables por los genios. La universidad es parte de la vida, y no hace falta ser un superdotado para superar sus desafíos. La voluntad, la perseverancia, el interés en la propia superación son las cualidades que se necesitan para una carrera exitosa.
  3. No pienses sólo en superar los exámenes. Estudia con la intención de aprender, aunque la asignatura no sea la que más te guste.
  4. No aspires sólo al 5 (cinco). Piensa en el 10, y no sufrirás por conseguir el aprobado, ni te agobiarás pensando en el temido suspenso. Deja el 5 para los mediocres y los perezosos: tú no lo eres.
  5. Esas asignaturas que no te gustan o que tienen un profesor hueso son una magnífica oportunidad para educar tu voluntad, para aprender a superar jefes pesados, para saber hasta dónde pueden llegar tus fuerzas. Acepta el desafío. Te hará más fuerte para la vida. Es más: si un tema te resulta especialmente farragoso, investiga sobre él, conviértete en un experto y ganarás muchos puntos respecto del profesor y, mucho más, respecto de ti mismo.
  6. Estudia desde el primer día, cada día. Pasa los apuntes de clase inmediatamente al llegar a casa. No los dejes para interpretarlos más tarde, porque los datos complicados se transformarán en una masa difícil de digerir. La interpretación debe ser inmediata, para poder pedir al profesor, al día siguiente, las aclaraciones que te permitan superar tus dudas. El profesor valorará tu interés y ganarás muchos puntos en la apreciación de tu persona.
  7. Desde el primer día, pregunta cuál es el libro o el manual fundamental de la bibliografía. Búscalo en la biblioteca, familiarízate con él, y cuando pases los apuntes, contrástalos con el libro, haz esquemas, memorízalos. No se puede estudiar sólo con los apuntes: están escritos con prisa, con incorrecciones. Es realmente absurdo emplear tiempo y esfuerzo para estudiar sobre apuntes imperfectos. El libro te dará seguridad (al menos, los autores lo han pensado antes de escribirlo), y con sus esquemas e imágenes hará más ameno tu estudio y, por supuesto más fiable.
  8. El profesor es una persona y, como tal, es sensible al reconocimiento de sus alumnos. Además, tiene que conocerte y saberte interesado en su materia. Desde el primer día averigua si ha escrito artículos o manuales sobre la materia que enseña. Búscalos en la biblioteca, léelos y no dejes de tomarlos en cuenta en tus exámenes, en tus intervenciones en clase, sin el ridículo temor de parece pelota. Ponte en su situación: si hubieras escrito un manual sobre el tema que desarrollas en clase, ¿no te gustaría que alguno de tus alumnos reconociera tu esfuerzo?
  9. Desde el primer día de clase toma buena nota de los horarios de tutorías, de las observaciones del profesor sobre lo que considera importante, de los exámenes de otros años. Como buen estratega –y para ganar la batalla hay que serlo- debes conocer a quién te diriges, qué piensa, qué valora especialmente.
  10. Asiste a las tutorías con regularidad durante el período de clases (no sólo para reclamar la nota del examen final). No tengas miedo. No seas tímido. Las tutorías están para aclarar dudas, para conocer mejor lo que quiere el profesor, para que te conozca y te valore también por tu esfuerzo de superación. Muéstrate siempre educado, formal, en el trato directo con el profesor. Usa siempre el Usted, demuestra tu buena educación en el lenguaje, que es tu mejor carta de presentación.


Marisa Regueiro. Profesora de Lengua Española. UCM

4 comentarios:

Benito García dijo...

Qué rollo de decálogo. Desde el comienzo empezastéis a hacerla la pelota a los profesores hasta ahora. Muera la universidad pública!

Leguein Leguein dijo...

No se trata de hacer la pelota a los profesores. Lástima que así lo veas. Se trata de que la universidad es un centro de educación e investigación en el que estamos integrados todos, incluidos profesores y que la relación tiene que existir. Además, esta no es una revista creada por universitarios desde fuera de la universidad, sino que se crea desde dentro.

Los docentes son pieza clave en la La universidad pública, y por ello se les incluye en esta revista. Para que puedan aconsejar y a través de la experiencia de todos mejorar la universidad que tanto odias.

Tendrá muchas deficiencias pero gracias a ella muchos hemos podido seguir creciendo como personas y estamos trabajando.

Anónimo dijo...

Al comentarista de más arriba, probablemente miembro de la caterva de mastuerzos que componen las últimas hornadas de alumnos que van llegando de Selectividad, voy a felicitarle por como, antes de despedise en plan Millán-Astray, demuestra hasta qué punto de fineza estilística llega su alambicada prosa, y también voy decirle que se esté tranquilo, que aunque la universidad pública no se muere, gracias a esa mayoría de "estudiantes" que no es otra cosa que un monumento a la estulticia pura y sólo sirve para avergonzarnos a los que de verdad somos estudiantes, la Universidad, si no se duerme, sí que se duerme poco a poco.
Por último, me permito hacer un comentario sobre el Decálogo de la profesora Regueiro, al cual no llamaré "rollo", que viene a ser "aburrido", "pesado", etc., sino que me quedo con un adjetivo más realista y sincero para con la reacción que me produjo su lectura: risible.

Pedro Ramirez Martínez dijo...

Comparto la mayoría de las cosas que dice.
En mi <a href="http://www.colegiomayoralmonte.com>Colegio Mayor</a> intentamos que vengan cada semana profesores de universidad para hablar con nosotros sobre temas que nos preocupan fuera de las materias de las asignaturas. Así es como de verdad se hace la universidad.