martes, 15 de abril de 2008

El Diario de... un día de Abril

El Diario de... un día de Abril
Anónimo

A veces me gusta esto, no suelo hacerlo con frecuencia pero he de reconocer que en días así me libera, es un sábado cualquiera en la capital, un sábado sin más en mi vida, ha caído ya la noche por completo pero nunca diré que la ciudad duerme…

Y la ciudad no duerme porque siempre existirá una persona como yo, tirada en medio de la noche reflexionando, cogiendo papel, lápiz y escribiendo unos renglones, siempre me dije que no está demás plasmar tus pensamientos, tus ilusiones, tus sentimientos…

¡Ay! los sentimientos, quizás sean esos los culpables de estas frases, los culpables de ese “día así” que todos hemos tenido y por supuesto yo, después de este escrito, seguiré teniendo…

Ese día así es una mezcla rara, es una mezcla de alegría con tristeza, una mezcla de sabor dulce con amargo, es el resultado de un juego que uno no quiere que acabe nunca pero a la vez uno piensa que no debería haber comenzado, pero en mi caso ese juego comenzó…

Y comenzó porque siempre uno busca huir de la rutina, despertar motivaciones nuevas, diferentes, avivar ilusiones de niños aunque a la vez nos creamos muy maduros. Una madurez que en esto de los sentimientos no existe, aunque el juego no sea del todo correcto por las circunstancias ellos se mueven por impulsos, por atracción, por deseos…

Unos deseos que crecen y crecen a pesar de todas las barreras habidas y por haber, barreras que no ayudan a que este juego se desarrolle como realmente debiese pero que si no fuese por ellas ¿dónde estaría la emoción?...

La emoción se dispara y sinceramente ahora mismo no quiero ponerle freno, sería muy fácil levantarme de la mesa y decir: “No me conviene seguir jugando” pero ¿quién sabe en cada momento lo que si le conviene y lo que no?…

Puntos suspensivos y más puntos suspensivos, puntos suspensivos para un juego en el que las reglas han sobrepasado totalmente su límite, y es que yo jamás pensé que ante mi, iba a tenerla a ella. Ella, tercera persona del singular para algunos, primera persona para mis sueños…

Y soñar es gratis, y es allí donde puedo lidiar mi mejor batalla, puede que caiga yo primero o quizás ella, no lo se, lo único que se, es que el juego continua…

Anónimo

La araña

La araña
De: Bernabé Rodríguez Tejeiro

Era sábado y no tenía que levantarse temprano para ir al colegio, tumbado en la cama, fija su mirada en la araña, empieza a divagar tallando con su imaginación, cada una de las facetas del cristal colgante que brillaba suspendido en el aire como una piedra preciosa. En el brillo de una de esas facetas empieza a subir por un estrecho sendero adosado a la falda de una montaña a lomos de un blanco caballo. Llega a la cima y a lo lejos ve una ciudad amurallada bajo un cielo azul de abundantes nubes, algunas de las cuales parecen amenazar tormenta. Al abrirse las puertas de la ciudad aparece una mesnada, bravos y decididos hombres cabalgando sobre hermosos corceles ataviados con ricos damascos y riendas lujosamente aderezadas. -“Alto!”, grita el que dirigía la tropa de jinetes medioevales, -“mi señor ha vuelto? ya le empezábamos a echar en falta. Si es servido su alteza, le acompañaremos hasta su morada sano y salvo, bien sabido es que por esos parajes solitarios de donde viene vuestra alteza, merodean salteadores deseosos de caer sobre alguna presa y despojarla, no solo de sus bienes, sino también de su más preciada posesión.”- “Basta ya de monsergas conde, se cuidarme muy bien solo, he combatido a infieles en Tierra Santa y ha sido voluntad del Altísimo, que ni uno solo de mis cabellos, todos y cada uno de los cuales están contados, sufriesen el más mínimo daño. Pero adelante pues y acompañadme hasta mi morada. Estoy cansado y me gustaría yacer en mi lecho, escuchando algún madrigal hasta la hora del yantar”.

Al entrar en la ciudad sucios y andrajosos villanos se cruzan en su camino, algún monje absorto en sus meditaciones, sin levantar siquiera la mirada del suelo y con la cara medio oculta por la capucha se aparta ante el estrépito de los jinetes, los cuales avanzan atravesando las enfangadas calles de la villa. Un mendigo se acerca pidiendo una limosna por el amor de Dios… -”Dejadle! que en el último día, está escrito, nuestro Señor no tendrá piedad para los que le hayan dado la espalda a uno de estos más pequeños de nuestros hermanos”. - “Dios os bendiga y recompense”, dice el mendigo y alarga la mano para recoger la limosna que se le tiende y es en ese momento, asiendo fuertemente el antebrazo de nuestro héroe, cuando lo tira del caballo y una vez en el suelo luchan. Nuestro héroe trata de liberarse, forcejea para hincar el puñal en el cuello de su oponente; fatigado, sudoroso, angustiado… vuelve en sí… Oscar ya está bien. Levántate a desayunar que la leche se va a enfriar!

Bernabé Rodríguez Tejeiro



Por si acaso

Por si acaso
De: Rosalía Linde Camacho

Por si acaso,
voy a desfilar ante el ojo de la aguja,
donde mira el alma en el espejo;
me disfrazaré de fábula,
escondiendo el hilo tras la nostalgia.

Por si acaso,
me compraré la sombra en los grandes almacenes
de la audacia,
y mitigaré su absurda necesidad de cristalizarse,
mirando el corazón opaco de mis sandalias,
que se escapan lejos de mi camino
y carnalizan las sombras de lo inmaterial.

Por si acaso,
trazaré la ruta de los sueños
en la compostura de lo bello,
para los amantes de metáforas.

Por si acaso tú asomas la mirada
al jardín donde el otoño se cansó de contar
los pasos, y otros caminos vegetales
brotan de tu beso de eterna inconsciencia,
donde la pulcritud de la encrucijada
es la respuesta eufemística
al crujir de las estaciones.

Y ya el reloj no llora,
y ya la lucha de la bombilla con la oscuridad
no tiene sentido.


Rosalía Linde Camacho

No debería ser

No debería ser
De: Bea Hernando

Yo no soy quien tiene que sentir esto
No soy yo quien debe llorar por dentro y por fuera
Tampoco soy yo quien debe quererte así
No debo ser quien se exprima el cerebro
Por callar y no perderte
No soy quien debe estar sentada en un rincón
Escribiendo te quieros tuyos
No, no soy yo quien debe ser mordida
Por los colmillos ensangrentados de la realidad,
No debería ser yo quien sintiese
Que esto es cada vez más difícil,
Ni quien escribiese miles de líneas
En blancos folios, en blancas paredes,
Que rodean mi silencio.
No soy quien debe necesitarte,
Ni quien temerosa de su significado
Calle que está enamorada

Debería haber sido ella
Y no yo,
Quien se hubiese vuelto loca por seguir teniéndote
Como amistad,
Quien se hubiese desesperado por dejar de sentir

Pero no, soy yo, y no se porqué
Quien siento quererte
Quien siente que es misterio sin solución,
Camino a ninguna parte,
Nudo fuertemente agarrado,
Barco a la deriva.

No soy quien debe amarte.
Pero soy quien se siente culpable
Pues soy quien te ama.

Beatriz Hernando

The Cult of Power: Deathly Hallows

The Cult of Power. Parte III: Deathly Hallows
De: Silencio Dogood

Capítulo 3:

Llegó la noche y el edificio comenzaba a estar desierto, en la última planta, en el pasillo de la izquierda, tras la puerta de cristal corrediza y dentro de un cuarto iluminado por una solitaria bombilla, un profesor conseguía a golpes la información que necesitaba de un muchacho que lloraba pensando en las consecuencias que sucederían de ese interrogatorio.

Serrano casi no podía conmigo, baje del 4x4 como pude y caminamos hacia el garaje allí habían tres cubos de pintura grandes. Pensé acertadamente que esos serian los moldes de los pies de cemento que nos iban a calzar.

Estaba claro nos iban a tirar al pantano que cerca de ahí se extendía a unos 200 metros de las caballerizas. Comencé a calcular las opciones; El hombre del traje había dejado el trabajo sucio a Serrano, él prepararía el cemento esperaría a que fraguara y acabaría con nosotros, seguramente era como una tarea impuesta por fallar en su prueba o algo así.

Además se había cambiado de ropa, llevaba un mono azul y unas botas de lluvia, de ahí mi conclusión sobre quien sería nuestro ejecutor.

A Txomin le costó dejar sin sentido a aquel chaval, ya le había reducido y tenía la información pero no se podía fiar de él.

A Leticia y a la chica rubia de pelo corto, también las bajaron a trompicones del BMW X5. Ahí estábamos tirados en un garaje de una finca viendo como un energúmeno mezclaba torpemente la arena con agua y cemento, preparaba en el suelo una mezcla fría y gris que seria nuestra perdición sino lo evitábamos.

La oscuridad ayudaba a mi profesor a deambular por los pasillos sin ser visto. Con el sigilo de un gato bajo hasta la primera planta se metió en una clase y saltó por la ventana. Con los pies ya en la hierba rodeo el edificio circular y se adentró en el jardín que se extiende detrás de la facultad. Llego por fin hasta la escuela judicial el lugar donde se instruye a los futuros jueces y demás doctorados. Allí solía aparcar él por razones sentimentales ya que cuando era alumno de primero se confundió de facultad y dio todo un día de clase rodeado de jueces, doctorados y demás juristas sin que nadie le advirtiese que primero debía pasar al menos cinco años en el edificio de al lado y sacarse la licenciatura si quería estudiar allí un doctorado.

Nunca comprendió como aquel sitio llegó a convertirse en un caldero de alumnos clasistas y de favoritismos nada disimulados.

Tenia poco tiempo arranco el motor y puso rumbo al oeste de Madrid, tres inocentes corrían peligro.

Dios bendiga a los metrosexuales pensé, justo como predije, el gorila trajeado no quería mancharse las manos ni el traje, así que le susurro algo al oído a un sudoroso Serrano y se largó del garaje, no sin antes echar un vistazo lascivo a la chica de pelo rubio que no pudo hacer más que agachar la cabeza y por primera vez en su vida rezar en serio para que no le pasase nada.

Rozaba la media noche y el Renault Megan, azul bala de Txomin circulaba a gran velocidad por la M501. A su vez un aprendiz de gorila despertaba y cantaba todo lo sucedido. Cuando el profesor llegase a la finca, le estarían esperando.

Ya estaba cerca de la ubicación de la finca descrita por el chaval que a estas horas ya habría despertado y que seguramente estaría siendo reprendido por lo que había echo.

El Megan azul circulaba despacio por la urbanización, ahí estaba, bajando una cuesta una puerta metálica cerraba el paso a un camino culebrero flanqueado por árboles que se perdía en la oscuridad de la noche.

Debía actuar rápido habían pasado unos diez minutos, desde que el trajeado se había ido. En ese tiempo de mi cabeza casi llegó a salir humo de tanto pensar en como sortear ese cruel destino. A la desesperada me revolví y revolví hasta que Serrano harto de mi me quito la mordaza y sin contemplaciones me soltó una patada en el estómago.

- ahora puedes gritar si quieres. Rió.

- casi sin aliento por el golpe, le espeté - yo si te vi a ti gritar esta tarde como una nena.

Recibí otra patada, mereció la pena pensé en ese momento, pero al ver esos ojos verdes derramar copiosas lágrimas me pensé dos veces lo que intentaba hacer, a ¿donde quería llegar con eso? Realmente ¿serviría para algo?

Los lloros se contagian y la otra chica explotó en aquel momento, gritó tan fuerte que Leticia, Serrano y yo dimos un bote del susto.

- quiero que pare. Entendí entre sollozos y lucha contra la mortaja.

Serrano puso de pie a Leticia calmada donde las haya pero llorando sin poder parar, tenía un moratón en el brazo, es hasta la fecha lo más entristecedor que he visto.

La cogió de los brazos y ella chillo de dolor y yo de odio desde el suelo, sin poder hacer nada. De pie, le metió sus pies en el cubo de pintura vacío y con una pala y lo fue rellenando hasta cubrirlo casi hasta rebalsarlo.

- como te caigas a propósito y tenga que volver a empezar de nuevo, te aseguro que desearas estar muerta cuando te posea… por detrás… jajaja.

- cerdo de mierda, si le tocas un pelo…

- ¿que? ¿Que vas a hacer mierdecilla? Dio dos pasos hacia mí sosteniendo la pala en postura de agresión.

Pensé en frío, si caía inconsciente ahí se acabaría todo. Me calle, la mire implorando consejo, sus ojos me decían cállate, pero sus labios asomando sobre la mortaja decían…

Mientras escalaba la valla metálica, Txomin pensaba que tarde o temprano alertarían su presencia así que se dio toda la prisa que pudo. Cayó al suelo desde una altura considerable y recorrió el camino hasta llegar cerca de una casa que pudo reconocer como estilo del Albarracin, propio de Granada.

No dio ni dos pasos cuando una sombra vestida de traje, lo atacó por la espalda.

Txomin cayó hacia delante, su atacante avanzo hacia él y le propino una patada en el estómago. Nunca antes se había peleado dos veces en un mismo día estaba muy cansado pero aun así antes de recibir la segunda patada, rodó hacia un lado y la esquivo.

Dentro del garaje no me gustaba pero, yo ya sabia lo que debía hacer al igual que Leticia que ahora me miraba mientras Serrano repetía la operación con Clara.

Afuera los dos hombres se curtían a golpes que resonaban por todo el valle, rodando los dos por el suelo, al gorila se le cayó la pistola. Ambos pugnaron por cogerla pero una chica de pelo corto y rubio apareciendo de la oscuridad y la cogió antes que cualquiera, ahora ella pediría explicaciones.

La idea de Leticia era muy arriesgada sobre todo para ella, mi cabeza me decía que podía funcionar pero mi corazón me gritaba que si no resultaba nos arrepentiríamos el resto de vida que nos quedara.

Sus ojos verdes se cerraron y de dejo caer a propósito hacia detrás.

- mierda, hija de la gran puta. Lo has hecho a posta, ahora te vas a enterar de lo que es bueno…

Serrano la comenzó a desatar y le propinó un puñetazo, se quedo inerte. A mi se me heló el corazón pero todo salía como estaba previsto, ahora ella “estaba” inconsciente.

Torpemente Serrano le quitaba los pantalones a Leticia, estaba loco, se levantó y se puso a quitarse el mono, yo debía esperar. Aun no, aun no pensaba…

Ahora!

Leticia abrió sus ojos y como si lo hiciese a diario dio una patada brutal (hasta sonó) en la entrepierna a un Serrano desnudo. Ella se levanto y corrió hacia mí.

- NO, no a mi no. Le dije. La pala, la pala, ¡dale con la pala!

Serrano gateando intento hacerla tropezar pero fue en vano, lo último que vio fue una preciosa joven en braguitas propinándole un certero golpe en la cara.

Éramos libres.

Salimos al exterior en silencio y oímos la trifulca, enseguida reconocí a Txomin, los tres corrimos hacia la pelea y allí la chica rubia cogió el arma.

Clara apuntaba al matón del traje.

- ¿pero como? ¿Y Serrano?. Balbuceaba el gorila

- esto por atacarme por la espalda, grito Txomin, mientras le daba un puñetazo al trajeado.

Al caer de rodillas, el hombre se puso cabizbajo, sabía que lo había hecho mal, recibiría un castigo y eso realmente lo asustaba más que una adolescente cultivadora de Marihuana lo apuntase con una pistola.


Los de verde llegaron y les explicamos lo sucedido, difícil de creer, cierto, pero el asunto aun hoy no esta claro del todo, al gorila lo acusaron de todo, nosotros sabíamos que le usaban de cabeza de turco. A Serrano le cayeron 122 años de prisión por intento triple de asesinato y de los demás nada se supo.

Ni Harry Potter podría haber hecho tanta magia en menos tiempo, cuando la policía llego el aula magna estaba como si allí nunca hubiese pasado nada.


El consiguió el respeto de sus compañeros de profesión además de un rápido reconocimiento en el ayuntamiento, por supuesto sin prensa ni fisgones de por medio.

Seguiría aparcando sentimentalmente como cada mañana, su Megan azul bala en el edificio equivocado.

Ella se salvo in ex-tremis de cargar con la culpa de plantar una hierba ilegal en la azotea de un edificio público y al año siguiente se cambio de carrera, concretamente a Biología. Aun tenia la marca de la culata en la cabeza pero eso ahora le daba más fuerza y sobre todo confianza en si misma y ya jamás tuvo miedo.

Ellos se fueron de rositas, nos creyeron todo menos la parte de la sociedad secreta. Pero me contento con pensar que en algún lugar hay un hombre con gafas y con barba que por un día vio su mundo derrumbarse por tres chavales incorregibles y que ahora vive con la certeza de que un día caerá y cuando lo haga no habrá ningún amigo para socorrerle.

Nosotros, nosotros simplemente decidimos olvidar, seguir adelante, avanzar a tientas por este mundo oscuro lleno de sociedades secretas y otras no tan secretas pero igual de oscuras, pero eso si, siempre el uno junto al otro.


…...Tumbados en la hierba del retiro dos jóvenes han sido hallados muertos a causa de dos disparos certeros, se descarta la idea de la Banda terrorista ETA, al parecer ha sido un ajuste de cuentas……


Silencio Dogood

The Cult of Power: Very Bad Things

The Cult of Power. Parte II: Very Bad Things
De: Silencio Dogood

Capítulo 2:

Hay lugares en el mundo que son visitados por miles, millones de personas, también existen otros que se construyen y se olvidan para siempre, por ultimo están esos lugares que solo los conocen unas pocas personas. Uno de esos lugares se situaba en la azotea de la facultad de derecho.


Clara ajena al trasiego que bullía bajo sus pies había subido como de costumbre a regar su plantación que tenia en la azotea de su facultad. Allí, ella se había construido en dos años un jardín con rosas, claveles y alguna que otra planta con alto grado en
Tetra hidro cannabinol. Ella había descubierto ese sitio a base de investigar los recovecos del edifico en busca de un lugar propicio para estudiar, ya que la biblioteca de derecho se va quedando cada vez mas pequeña debido al aluvión de alumnos que sacan un 5 en selectividad y se decantan por esta carrera ya que suena a importante.

Cincuenta metros mas abajo, la expresión de mi cara era de autentico terror.

- como que, “era...”- le dije a Txomin.
- haber chico, no sabes quienes son esas personas ¿verdad?
- no
- pues mejor así, solo te diré que habéis hecho muy mal adentrándoos hasta aquí. Si arriba hay alguien como dices ya esta perdida.

Mis ojos se alzaron instintivamente y salí corriendo hacia la escalera.

- ¡No!, te cogerán a ti también.

disminuí la velocidad, y por un momento, me lo pensé.
Decidí no abandonarla a su suerte y seguí subiendo, ya me daba igual toda esa parafernalia, los hombres trajeados, todo. Lo único que quería era volver a verla.

­­­­­

Cuando Clara termino de regar sus plantas y las estaba cubriendo para protegerlas del frío, sonó la trampilla. En ese momento se le cayó el alma a los pies, la habían descubierto. Lo que no nunca se imagino fue que las primeras personas que viera por allí en casi dos años serian dos hombres en traje cargando con una chica moribunda.

Subí corriendo las escaleras y estuve a punto de caer, de refilón puede ver como mi profesor se volvía loco buscando algún rastro, papel o prueba de la existencia de ese aquelarre. No me detuve mas, llegue a las vigas y de ahí subí por la escalera vertical, volví a aquel pequeño cuarto iluminado por aquella solitaria bombilla. No había nadie.

Camine a paso lento por el pasillo a oscuras hasta la puerta corrediza, nada todo desierto ni un rastro de Leticia.

Recuerdo que lo último que pensé antes de sentir el fuerte golpe en la sien, fue de ella mirándome y sonriéndome como lo hacia cuando yo decía una payasada.

Ella lo había visto por la televisión pero en la vida real que te apunten con una pistola hace que cueste: tragar saliva. Eso pensaba Clara cuando la maniataban y no pudo cerrar su mente a pensamientos horribles sobre lo que le podía pasar, pero la chica ahí tirada, inconsciente, era una prueba palpable de lo que podrían llegar a hacer esos hombres. Una cosa estaba clara, ella estaba en el lugar inadecuado en el momento inadecuado. Como despertándola de un sueño, sintió un calor que nacía de su cabeza y bajaba por su espalda, poco después todo fue oscuridad.

No hubo ningún chirrido que la alertase. Cuando se giró, la estaban mirando unos 20 hombres estupefactos

Leticia sabia que el órdago no había colado.

- jajaja se burló aquel hombre con barba canosa y gafas. – eso no te lo crees ni tu niñata.

Y haciendo un gesto con la cabeza mando a dos gorilas que la dejasen fuera de combate.

- subidla a la azotea y tiradla.

Los dos hombres se abalanzaron contra ella, Leticia instintivamente dio un paso atrás y se cubrió la cara, el primer puñetazo parecía que le había destrozado el brazo. El segundo gorila aprovecho para cogerla y reducirla, los gritos de dolor callaron rápidamente cuando el primer matón desenfundo el arma y le propino un golpe seco en la nuca. Lo último que vio Leticia al caer desplomada fueron los mismos 20 hombres renovadamente estupefactos.

Surgían complicaciones primero una chica en la azotea que cultivaba hierba y ahora un chico que subía tan campante desde el aula magna, pero este último ya no suponía un problema creciente, al menos de momento. Pensó Víctor Serrano mientras enfundaba su arma. Un pensamiento recorrió su pelada cabeza, ¿habría mas gente?, ¿los habrían visto? Y lo más importante ¿lo habrían visto no dar la talla en la prueba de resistencia de las jornadas anuales del clan?

GrGrrrGrrr

Sonaba su walkie.

- Serrano prepárate, las vamos a bajar. Corto.
- OK. Ya sabía lo que significaba eso, tenía que maniatar a ese chico, que tres personas se caigan en un mismo día de la azotea de la facultad de derecho, no era una opción viable. Seguramente se los llevarían a los terrenos del Delfín en la sierra, era buena idea, allí terminaría todo.

Txomin oyó pasos que bajaban a toda prisa y gritos que bramaban: ¡registradlo todo, seguramente habrá más!

Ya sabía que como mínimo me tenían a mí, así que decidió esconderse. Primero pensó en esconderse tras la mesa central de roble macizo pero allí sería muy fácil encontrarle por más que la penumbra que inundaba el aula, fuese en aumento al caer la tarde.

Dos de los que, él consideraba los novatos del clan bajaron rápidos cual perros de presa buscando un avispado conejo.

Reinaba el silencio y no veían a nadie, ambos se acercaron a la mesa central la rodearon y nada, levantaron la vista y contemplaron los aproximadamente 1000 asientos, que componían el aforo total del aula. Txomin se lo jugo todo a una carta, se tumbo en la primera fila de asientos y ahí mirando al techo espero que surgiera un milagro.

Cuando abrí los ojos estaba a mi lado una chica de pelo corto y rubio, la había visto deambulando por la facultad siempre con extraños plásticos y bolsas de basura moradas.

Al lado de esa chica y tumbada boca abajo estaba Leticia, podría haber reconocido esos pantalones donde fuese, la alegría que sentí al verla fue pasajera ya que me encontré atado de pies y manos y con una mortaja en la boca, ellas estaban igual y los tres nos movíamos al compás del 4x4 con lunas tintadas que recorría un camino franqueado por dos hileras de árboles.

En ese momento pensé que habían sido muy tontos al no taparnos los ojos, incluso llegue a sonreír por un segundo, al rato me di cuenta que si nos habían dejado ver el trayecto y la finca es porque, no íbamos a salir de allí con vida.

Txomin no era una persona religiosa, así cuando decía milagro quería decir: suerte inmensa. Desde siempre lo había acompañado un halo de suerte que parecía socorrerle cuando más lo necesitaba, a el no le gustaba abusar de ella pero raramente le fallaba.

Se encomendó a su suerte al tumbarse ahí, los pupilos del clan bajaron del atril central y caminaban ya por el pasillo central. Uno miraría las filas de la izquierda y otro las de la derecha, la suerte hizo que el que comenzara por la izquierda vislumbrase una sombra difusa en la primera fila, alertara a su compañero y que ambos se internaran en la primera fila saltando sobre aquella silueta.

A base de darle codazos la chica rubia de pelo corto despertó de su letargo, estaba sangrando por la cabeza, no era grave pero debía de dolerle mucho. Tardo unos minutos en calmarse y en asumir toda la situación, su mirada no denotaba miedo, solo incredulidad por todo lo que estaba pasando. Leticia me preocupaba bastante era en teoría ¿la primera que habían pillado? y aun estaba inconsciente. Y ¿que demonios pintaría esa otra chica allí? Quizá era amiga de Txomin ¿y Txomin?

Eran demasiadas preguntas para encontrarle explicación a cada una de ellas, el camino curvaba hacia un lado y dejaba ver un chalet de estilo andaluz.

El tiempo se acababa.

Los dos muchachos apalearon a la vez aquella silueta pero lo único que consiguieron fue golpear sus nudillos contra la nada, uno de ellos alargo el brazo y descubrió a su pesar que solo era una túnica negra, quizá algún miembro se la había dejado allí esa tarde.

Txomin suertudo donde los haya había aprovechado esos segundos de desconcierto para dejarse caer al suelo, arrastrarse por debajo de los asientos, pasar bajo el frontal de la primera fila y dirigirse gateando hasta el atril.

Y de un salto silencioso se colocarse tras la gran mesa de roble macizo justo a tiempo para que no lo vieran. Si en vez de empezar por la izquierda lo hubiesen echo por la derecha lo habrían apaleado como a su túnica negra, estratégicamente situada.

Allí en cuclillas estuvo los 20 minutos que tardaron los dos aprendices de gorila en revisar todo el aula, cuando terminaron se llevaron su túnica con ellos. Él sabía que tardarían poco tiempo en descubrir que la túnica no pertenecía a ningún miembro del clan, eso quería decir que volverían y que debía salir de allí lo más rápido que pudiera.

El 4x4 rodeó la casa hasta llegar al garaje pasando cerca de las caballerizas, allí se paro en seco y dos hombres bajaron del coche. Uno de ellos sacó un móvil del bolsillo y se puso el aparato a la oreja.

El gorila había cumplido llevando a esos tres estudiantes hasta la finca del delfín ahora debía rematar el trabajo.

El otro era más delgado y no iba con traje, no sabía muy bien que hacer con las manos, hasta que se cruzo de brazos adoptando una postura más varonil. Al rato se giró y le reconocí, era aquel chico al que se llevaban entre otros dos porque no pudo aguantar el dolor. Ellos no me podían ver por los cristales tintados pero yo si, y entonces lo vi.

Un rayo de esperanza. Había una posibilidad de librarse, remota pero la había… Mientras la idea maduraba, Leticia abrió sus ojos.


Ella me miraba como si se acabara de despertar de un sueño eterno, su mirada era confusa, pero no habían conseguido quitarle ese brillo especial de sus ojos verdes.

Él estaba en la pequeña habitación de donde colgaba una bombilla. Sintió una presencia e instintivamente soltó el brazo golpeado a uno de esos chicos que merodeaba en el aula magna hacia un rato. Por suerte el golpe lo aturdió y el profesor pudo aplicar la antigua LEX de quien golpea primero golpea dos veces. Una vez más a Txomin le sonreía la suerte.

Ellos abrieron la puerta del 4x4, el trajeado las apuntaba mientras Serrano tiraba de mí hacia fuera, la chica rubia del pelo corto comenzó a gritar, ahora lo comprendía todo.


Silencio Dogood

The Cult of Power: La conspiración

The Cult of Power. Parte I: La conspiración
De: Silencio Dogood

Capitulo1:

Todo comenzó el año pasado en la facultad de derecho, allí como todos los de primero entre clase y clase nos dedicábamos a pasearnos, a conocer el edificio, a fumar en los pasillos… si, es un echo constatado que la facultad de derecho es el último reducto de Madrid donde se hace la vista gorda y te dejan fumar dentro. Y creedme cuando os digo que esas ventajas de las que allí se disfrutaban no eran fruto de la casualidad, como más tarde descubrí. Una tarde de otoño, como de costumbre mi profesor de Romano no apareció y teníamos la hora libre, le dije a Leticia que me acompañara a deambular un poco por ahí, ella acepto de buena gana ya que no le apetecía quedarse ahí, con toda y cito textualmente; “esa panda de pijos”.

- ¿Qué tal llevas el curso?

Bien dije yo, pero quizás debería estudiar un poco más, ya sabes por aquello de aprobar…

- Si aprobar es importante, al menos eso dicen. Dijo riendo y mirándome como si comprendiera que sobre mi también caía una presión paterna por sacar adelante la carrera.

Subimos las escaleras laterales, que nacen desde el hall hasta la última planta, desde la cual se puede llegar hasta el edificio contiguo que alberga, la maravillosa cafetería, la cafetería de los profesores y una tercera cafetería situada entre plantas para uso casi exclusivo de los alumnos de quinto.

- la verdad es que, esta muy bien tener tanto sitio ¿verdad? Dijo señalando inmensos pasillos desabitados a medida que subíamos.

- si es reconfortable saber que… me disponía a soltar una payasada cuando llegamos a la ultima planta, de la cual surgían dos corredores uno hacia el edificio nuevo repleto de cafeterías y otro que se perdía hacia la izquierda. Ambos vimos una figura al final del pasillo que alerto nuestra presencia y como dando un salto, desapareció a mitad del mismo.

Nos quedamos un momento callados

- ¿llevaba una túnica? Dijo ella poniendo una sonrisa de medio lado.

Si dije yo, ¿vamos?

- vale pero creo que si vamos allí, lo mas seguro es que termines enrolado ¡a la tuna! Jajaja

Yo no reí, porque sabía que la tuna se encontraba situada en el edificio nuevo, pero no dije nada porque la verdad, me moría de curiosidad.

Avanzamos por el pasillo de la izquierda y al llegar a su mitad vimos una puerta translúcida y corrediza, como las que hay en los supermercados. La verdad es que no pegaba una puerta así en un edificio que data de 1956 y además parecía cerrada.

- espera dijo Leticia, si te fijas bien queda un rendija entre ambas puertas…

Ella siempre era así, cuando nadie veía la salida o la solución, se las arreglaba para encontrar una rendija de esperanza o en este caso, una de curiosidad.

Tiramos cada uno hacia un lado hasta que cedió y de un salto nos metimos dentro. Parecía un mini hall con una rampa hacia un estrecho pasillo, con tubos que corrían paralelos a las paredes. Extrañamente se curvaba, desaparecía en la oscuridad y de él salía un ruido sordo constante, que nos previno sobre lo que allí íbamos a encontrar.

Andamos, adentrándonos en la oscuridad y llego el momento en que ya no veía nada palpaba el aire torpemente, hasta que me di de bruces contra una puerta metálica.

Clonc!

Advertirían nuestra presencia ya que el ruido cesó.

- nos han oído. Dije lo más bajo que pude.

Lo normal seria que alguien saliese a echarnos de allí o algo parecido, pero no, pasaron los minutos y ahí seguíamos, quietos, esperando en la oscuridad.

Decidimos entrar, esta vez sin miramientos. Giré el pomo y empuje la pesada puerta que extrañamente no rechinó ni un ápice. Dentro de esa mínima estancia solo colgaba una bombilla y de un agujero en el suelo, salía una tenue luz.

Se distinguía una escalera que bajaba paralela a la pared.

Nos asomamos al hueco y nuevamente solo veíamos un vacío.

- no tiene sentido, ¿para que colocar una escalera que baje hasta la planta baja, desde aquí arriba?

- no lo se, le respondí, - pero algo me dice que esta escalera no baja hasta allí, sino que se queda a medias.

- ¿a medias? Su sonrisa perspicaz, lucia en la oscuridad.

- si, en septiembre cuando llegue aquí, me baje en la parada de autobús equivocada y me toco andar. Para ahorrar tiempo camine entre los edificios y ahí la vi.

- ¿el que?

- ¡esta escalera!

- me he perdido, dijo parpadeando.

- ¿no lo ves?, cuando la vi, ¡la estaban tapiando!

- ves demasiadas películas, exclamo riendo.

- si vale, veo demasiadas películas, pero esta escalera solo baja hasta el techo de aula magna, ¡lo vi! y te recuerdo que lleva cerrada 2 meses en remodelación. ¿No recuerdas que aquí grababan el programa 60" ?

- si, si lo recuerdo. Lo mas seguro es que solo hayamos visto a un trabajador.

- claro con una especie de túnica negra ¿no?

De repente se oyó un ruido y ambos nos volvimos hacia el vacío.

- Nooo!!

Leticia dio un pequeño grito y se puso de pie.

- ¡tenemos que bajar!

- yo no bajo, su mirada era dura, jamás la convencería para seguirme.

- espérame aquí.

Y de un salto comencé a bajar y a emitir el primer ruido repetitivo que habíamos oído. Nuestro “tuno” había bajado igual que yo por esa angosta cavidad y al igual que yo, escabullido entre las vigas, del techo del aula magna seguro que también vio, lo que a mi particularmente me pareció una especie de ceremonia o rito de iniciación.

Pero, ¿Cómo había conseguido bajar de allí?

Abajo había movimiento, se llevaban a un joven, muchos negaban con la cabeza. Parecían defraudados con aquel chico, como si no hubiese dado la talla.

Mis ojos se acostumbraban a la creciente oscuridad que reinaba en aquella aula, y en ese momento me di cuenta de que estaba siendo observado, pero no desde abajo, sino desde allí mismo, el “tuno” me miraba. Me quede helado y por un momento pensé; “aquí acaba todo”. Sin darme tiempo a reaccionar, dio dos zancadas plantándose frente a mí, me tapo la boca con extraña delicadeza y susurro:

No haga ruido, señor Miranda.

¡Me conocía!

Arriba Leticia ajena a todo aquello no hacia más que impacientarse, todo eso era demasiado raro, demasiado… no encontraba la palabra que buscaba pero yo me imagino que esta era; retorcido.

Quise decir algo, pero aquel hombre se me adelanto.

- calla un segundo, chico. Parece que están recogiendo.

Cual fue mi sorpresa cuando descubrí a mi profesor de romano, Txomin.

- ¿profesor...?

- nos quedaremos aquí arriba esperando a que suban, tranquilo no nos verán, ya me previne contra eso. Dijo señalando su túnica.

- pero señor…

- haber Miranda, calle de una vez, antes de que nos descu… no le dio tiempo a terminar los hombres trajeados y los algunos claramente, alumnos de 5º, comenzaron a subir mientras los más jóvenes se quedaban abajo, dejándolo todo como estaba.

El aula magna tiene forma de teatro en media luna y con una especie de balconada circular desde la cual vigilar a los alumnos, para que no copien. Desde esa balconada no distan 10 metros hasta el techo y las vigas, donde nos encontrábamos. Esta distancia ya la estaban cubriendo los primeros hombres trajeados que subían por una escalera claramente recién colocada.

Pensé en Leticia e intente avisar de su presencia al profesor, pero esta vez me tapaba la boca con las dos manos. Allí, agachados entre las sombras escuchamos las primeras voces de aquel extraño aquelarre de juristas, unas confabulando, otras riendo y unas cuantas exponiendo estar ya hartas de tanta subida y bajada. Incluso creo recordar que oí la celebre frase; Esto con Franco…

- esperaremos a que los “nuevos”, terminen y después bajaremos, allí te lo explicare todo, OK? Susurró de forma casi inaudible.

Asentí suavemente mientras imploraba porque Leticia, cansada de esperar se hubiese marchado a clase. No habían terminado de subir todos cuando los nuevos comenzaron también la escalada, se notaba que limpiar y ordenar no era lo “suyo”.

El ruido que subía por la escalera alerto a Leticia, que no era yo, quien me disponía a salir de ahí. Salió corriendo del pequeño cuarto y se adentro en el extraño pasillo buscando la luz, anhelándola. Bajo la rampa he intento abrir la puerta.

Era inútil, se necesitaban dos personas para forzarla, se vio en apuros y algo le decía que debía salir de allí, aun así tenía claro lo que debía hacer.

Cargaría contra la puerta corrediza, rompería el cristal y saldría al pasillo, correría como alma que lleva el diablo y más tarde se preocuparía por buscarme y enterarse que demonios pasaba dentro del aula magna y qué, justificaba tanto secretismo.

No hubo ningún chirrido que la alertase. Cuando se giró, la estaban mirando unos 20 hombres estupefactos.

¡Ahora! Corrimos entre las vigas y bajamos por la escalera, descendimos hasta la balconada y de ahí saltamos a la gradería, era la primera y ultima vez que iba a estar allí. Recuerdo que me vino a la mente la leyenda urbana que cuenta como la facultad de sociología se pensó en primera instancia para ser una cárcel de mujeres, bien pues esta debió pensarse para juzgar a las presas porque realmente, la sala en penumbra acobardaba bastante.

-¡señor! Arriba, había alguien conmigo… era…

- exacto, exclamó él, ¡era!

Él había sido el primer delfín y sabia que esa chica suponía un gran problema, quien sabe, podría haber echo fotos o haber grabado un video. Ahora podrían estar camino a Youtube… Exhaló con calma, y recordó que el aula magna tenía un revolucionario sistema que ahogaba toda señal electrónica, diseñada específicamente para que no se pudiera hacer trampas en los finales.

Ella los miraba fijamente sin parecer terriblemente acongojada, que era como realmente se sentía, su pulso se acelero a medida que iba reconociendo caras, los había visto antes, en la televisión, en la prensa, Internet,…

- no he visto nada, espeto lo más sincera que pudo.

- dime niñita ¿Cuál es tu apellido? Dijo el hombre con barba y gafas, muy seriamente.

En una fracción de segundo Leticia se dio cuenta que solo la salvaría una buena mentira. Así que, jugo su mejor baza y exclamo...

Silencio Dogood