sábado, 22 de diciembre de 2007

Día de un vago

Día de un vago
De: “La Jessy”
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Son las diez de la mañana, ¡uf! ¡Ya me he vuelto a dormir!Pero, es que es miércoles, mi jefe lo debería entender... Aunque la verdad, en este, mi décimo octavo trabajo en lo que va de año tampoco me va tan mal.
Trabajo cuatro horas, de lunes a jueves, y... ¡y el carro de cartero me está matando! Sí, qué dolor, ya siento los tirones en la espalda, en la pierna, en el pie, aquí, ahí, ¡Huy! Y el cuello ¡qué dolor!, eso debe ser la postura, sí, es que estoy delicado. Creo que pediré la baja, aunque me echaran otra vez, bueno, qué le vamos a hacer, lo primero es la salud, ¿no? Además siempre me quedará mi padre, mi querido papá, para darme todo lo que necesite, es que me quiere tanto....y es tan bueno y tan trabajador. Yo quiero, algún día, ser como él, aunque él piensa que a mis treinta años ya debería serlo. Pero, ¿qué son treinta años ahora?, si ahora tenemos una esperanza de vida de ¿noventa, noventa y cinco años?. Sí no descanso ahora, ¿con qué estado llegaré a esa edad?. Mejor ni pensarlo.
Las doce ya, tendría que levantarme, pero tengo que ponerme las zapatillas, abrir la puerta, dirigirme al baño, ducharme... ¡ay! acabo de sacar un brazo y que frío, con lo calentito que se está en la cama. ¿Habrán puesto la
calefacción?. Y este tirón, ¡ me está matando!, yo creo que va empeorando, mejor me quedo aquí un ratito más.
Las dos, me había vuelto a dormir, ¡qué hambre tengo ahora!, pero comer levantado con estos dolores...,
mejor le dijo a mi madre que me traiga la comida. Espero que no le importe, al fin al cabo estoy malo, muy malo, y no querrá que me levante, que no me cure, que mi enfermedad se convierta en algo crónico, incurable. Entonces, tendrían que cuidar el resto de su vida de un hijo incapacitado, y con lo mayores que son, ¿qué pasaría conmigo cuando ya no estuvieran? Seguro que prefieren traerme la comida a la cama.
Las tres y media, ya he comido, y me he quedado a gusto y satisfecho, ahora puedo echarme una siesta, me siento tan cansado... además, de tanto pensar me estoy estresando, lo mejor será practicar un poco de yoga para relajar mi mente y dejarla en blanco, no quiero pasarme de listo.

“La Jessy” [seudónimo]

Un viejo plumier

Un Viejo Plumier
De: Sara Herguedas Pérez
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Esta es la historia de un plumier. En él, vivían varios personajes: un lápiz, una goma, un sacapuntas y dos bolígrafos. Los bolígrafos siempre se estaban peleando por ver quién era el mejor, el que tenía más tinta, o al que según ellos querían más, al ser más usado.
El lápiz, sin embargo, era más tranquilo. Él vivía feliz, aunque no le gustaba que borraran lo que escribía, ni que de vez en cuando el sacapuntas le hiciera daño, pero comprendía que así sería de más utilidad. El sacapuntas disfrutaba devorando al lápiz, y la goma rodando por el papel para borrar, sin saber que cada vez que lo hacía se iba haciendo más pequeña. El sacapuntas y la goma no se llevaban muy bien con los bolígrafos, ya que éstos no les necesitaban para nada. Un día, uno de los bolígrafos desapareció. Quienes peor lo llevaron fueron el lápiz y su compañero el otro bolígrafo, que aunque se peleaban mucho, en el fondo se tenían cariño. Después de esta pérdida, empezaron a usar más el lápiz, que era feliz porque sabía que estaba siendo útil para alguien, aunque sabía que si seguían usándolo tanto, acabaría destruyéndose. Un día cualquiera, llegó al plumier un nuevo inquilino. Nadie sabía de qué se trataba: era una especie de lápiz de plástico el cuál no necesitaba que se le sacara punta, pero sí podía borrarse. Su nombre era Portaminas. El sacapuntas y el lápiz se quedaron en un segundo plano, ya que nadie los necesitaba. El lápiz se dio cuenta de que había quedado inservible, no tenía punta y era demasiado pequeño para ser utilizado. Y a su vez, el sacapuntas se quedó sin trabajo, pero por poco tiempo, ya que días más tarde aparecieron en el plumier unos lápices de colores... El lápiz ya se estaba haciendo a la idea de que un día prescindirián de sus servicios, sobre todo con la llegada del portaminas. Hasta que un día, le arrojaron a una papelera. Cayó en medio de un mar de papeles que había escrito anteriormente. En medio de todo, notó la presencia de alguien conocido: era el bolígrafo perdido. Según le contó esté, se había quedado sin tinta y lo habían tirado. Los dos se pusieron tristes, no sabían qué sería de ellos a partir de ese momento. Hasta que un día, los sacaron de la papelera. El bolígrafo no sabe cómo pero se despertó un día rodeado de otros como él, repletos de tinta. A lo lejos divisó un lápiz nuevo, al cual reconoció: era su viejo amigo del plumier, que volvía a estar utilizable. Alguien los había reciclado y volvían a estar llenos de vida. Un día, se los llevaron de la tienda. Quién sabe si ése que los compró eras tú, que estás leyendo esto... El lápiz y el bolígrafo volvieron a ser felices porque alguien los había reciclado. Seguirán siendo utilizados hasta que haya alguien que se olvide de ellos...

Sara Herguedas Pérez

La violación

La violación
De: Tomás González Santos
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

La mañana entraba clara y luminosa por los ventanales. Mi piel brillaba al cálido sol del estío. En ese momento entro él. Sus ojos claros como el día se fijaron en mí. Un brillo especial iluminaba sus pupilas. Sus manos se posaron con decisión en mi virginal piel. Su pecadora boca se humedecía lascivamente al sentir la firmeza de mi cuerpo, la suave textura de mi piel. Él me desnudó lentamente, disfrutando de ese instante. Su cara reflejaba la ansiedad del momento por él tan deseado. Mi cuerpo desnudo, trémulo, solo, desamparado, esperaba el odiado momento de ser profanado. Su pecadora boca se acercaba lenta pero inexorablemente a mí. El calor de la mañana, pesado y húmedo, le impulsaba a cometer su acción sin salvación posible. Mi desnudo cuerpo esperaba con angustia el instante final. Al fin, mi cuerpo indefenso fue profanado por su ansiosa boca, y el néctar de mi ser mitigó su sed. Era mi destino.
En verdad no hay nada como una naranja en las cálidas mañanas del verano.

Tomás González Santos



Perro y agua

Perro y agua. A partir de estas 2 palabras intentamos construir una historia.
De: Pablo García Gordillo, Ana Isabel García Vozmediano, Patricia Afonso Campos
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Salí de mi casa y caía agua, y no llevaba paraguas. Iba de camino al colegio cuando me encontré con mis compañeros que venían de clase y se habían encontrado con que el colegio se había inundado y se habían suspendido las clases. ¡Me puse triste! A mí me encantaba ir a clase, así que mis compañeros me propusieron ir en busca de aventuras. Cogimos nuestras mochilas y nos pusimos en camino. Al poco tiempo nos cruzamos con un río del pueblo, que estaba desbordado. Al principio nos asustamos pero luego uno de mis compañeros dio la idea de hacernos una pequeña balsa y cruzar al otro lado del río. Nos pusimos en plan Mac Giber y conseguimos reunir algunas tablillas que se encontraban en los alrededores con los que hicimos una pequeña balsa provista de cinturones de seguridad con nuestra propia ropa. Cuando intentamos cruzar, una corriente nos arrastró río abajo, dando tumbos hasta que la balsa se rompió. Caímos al agua que nos arrastró hasta un lugar desconocido para nosotros.
De pronto, un estrepitoso alarido nos sobresaltó. Sentimos cómo unos pasos se acercaban cada vez más hacia nosotros y asustados salimos corriendo. Atravesamos un enorme y frondoso bosque, pero no nos librábamos de aquellos pasos y gruñidos. Cruzamos pueblos y praderas pero aquellos ruidos seguían persiguiéndonos. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos de nuevo en nuestro pueblo, ya que habíamos estados
corriendo en círculo sin enterarnos. Uno de mis compañeros se quedó enganchado en la raíz de un árbol, intentamos socorrerle, pero se acercaban cada vez más aquellos sonidos.
Se acabó el tiempo. Entre todo aquel forcejeo, la terrible fiera nos había dado alcance. Se trataba de un ser de pelo negro y enmarañado, grandes dientes y enorme tamaño. Quisimos zafarnos pero era imposible, había atrapado a mi amigo por la pierna. Y fue entonces cuando algo maravilloso sucedió. Mi amigo consiguió librarse de la raíz gracias a aquel horrible monstruo, que sólo resultó ser un pobre perro abandonado que nada más buscaba la compañía de un nuevo amo. Y a partir de ahí, el perro nos ha acompañado en todas nuestras aventuras.
FIN.

Pablo García Gordillo
Ana Isabel García Vozmediano
Patricia Afonso Campos

El "fue, es y será" de una manzana

El “fue, es y será” de una manzana
De: Irami Asín, Ricardo Carrecedo, Ana Cobo, Pilar del Campo, Silvia Amor, Natalia Martínez
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Esta mañana, cuando abrí los ojos, me di cuenta de que no esta en mi casa, sino rodeada de “cosas verdes” y duras. Estaba oscuro, hacía frío y olía a verdura.
De repente, empecé a moverme por si podía escapar, pero la gravedad hizo su trabajo y caí encima de un señor raro, que me recogió intrigado. Me miró. Sospeché que me iba a morder, pues ya estaba suficientemente madura pero, llevándome en la mano se fue corriendo no sé bien adónde, y empezó a hacer unos cálculos extraños, creo que sobre el motivo de mi caída.
¡Toda mi esperanza era poder servir para la ciencia!
Aguardé en un cesto horas y horas, y cuando ya daba por cierto que era para la ciencia mi utilidad ¡NO! Fui tomada de nuevo por sus grandes manos, me acercó un cuchillo y comenzó a desnudarme –el pudor me alcanzó las mejillas- y así, desprovista de mi terso vestido, fui troceada y… ¡a la cazuela! Mi misión iba a ser una jugosa compota de manzana.
Tras ser troceada y verme rodeada de trocitos de mí, sentí que arrojaban diferentes ingredientes para aumentar mi sabor, y me sentía apresada, sin espacio, como sardina en lata. Tras un tiempo de cocción que se me hizo eterno fui conducida, nuevamente, y oprimida, hacia un tarro de cristal (al menos podía ver el exterior) para ser cerrada al vacío. Y luego, de vuelta a la
cesta de mimbre.
Una vez ahí dentro comprendí que mi vida no tenía sentido y, aterrada, pensé: “Ahora iré a parar al estómago de algún humano, y luego…” Desafortunadamente mis temores llevaban camino de hacerse realidad. Iba a ser devorada por el humano que me desnudó, troceó y coció. Pero, por suerte, aquel hombre olvidó retirar las pepitas que guardaba en un bolsillo de mi interior y con la primera cucharada de mi riquísima compota se atragantó.
Tosió el individuo con tal fuerza que mis pepitas salieron despedidas por la ventana. Y ahí están, las veo desde el cristal de mi tarro y aunque yo sé que ya solo seré compota, ahí están ellas, tumbadas en el suelo, y yo tengo la esperanza de que inicien una nueva vida junto a esos nuevos amigos árboles. Espero y deseo que esa parte de mí crezca y se haga tan grande como ellos.

Irami Asín
Ricardo Carrecedo
Ana Cobo
Pilar del Campo
Silvia Amor
Natalia Martínez

Beneficios del deporte

Beneficios del deporte
De: Pablo García Gordillo
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Al igual que otras actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana, el deporte es también un hábito, que debería acompañarnos siempre que tengamos un “hueco”. Estas son algunas de las razones por las que resulta
beneficiosa la práctica del deporte:
Ayuda a prevenir y a tratar enfermedades de tipo cardiovasculares, depresiones,
ansiedades…
A la mujer le ayuda a llevar mejor el embarazo, a recuperarse después de
este.
Retrasa la pérdida de movilidad de las articulaciones; mantiene el tono
muscular.
Nos aleja del sedentarismo.
Mejora la forma física.
Hace más fáciles las tareas cotidianas.
Mejora la capacidad de concentración.
Mejora la calidad del sueño.
Ayuda a que la agonía sea menos dolorosa a la hora de fallecer.
Aumenta el rendimiento en los estudios.
Además de estas razones, existen otras muchas por las que resulta beneficioso para el organismo realizar deporte. Los hay que por su práctica ayudan tanto a socialmente, como a nivel de beneficio físico.
Un ejemplo de estos deportes es el tenis:
Socialmente hablando, permite relacionarse con muchas personas; es un motivo para viajar, ayuda a aprender otros idiomas diferentes, amén de otras muchas ventajas. En cuanto a beneficios físicos, el tenis proporciona facilidades para descargar la tensión acumulada a lo largo del día- o de la semana-, y para liberar energía; y sobre todo te hace pasar un buen rato, cosa que no hay que olvidar pues los buenos momentos son los que más gusta recordar, por lo que también ayuda a mantener la mente sana.
A continuación voy a contar una pequeña anécdota: La primera vez que jugué un torneo federado de tenis yo tenía en torno a unos diez años de edad. Ese día tenía que jugar dos partidos de tenis, uno por la mañana y otro por la tarde. El primero de ellos no era un partido a dos set-como suelen ser la mayoría de los partidos de tenis-; sino que era a nueve juegos, esto es, gana quien hace, mueve juegos antes. El segundo partido sí era a dos set. Bien, ese día no gané ninguno de los dos partidos; pero no solo eso, sino que además no hice nada má que un juego de los veintiuno que disputé. Sin embargo, ahora soy profesor de tenis.

Pablo García Gordillo

Canto XII

Canto XII
De: Tomás González Santos
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

[...] Odiseo, siguiendo las indicaciones de Circe, se hace a la mar, aproximándose a las costas, donde moran las sirenas ESCILA y CARIBDIS. Sentadas en un verde prado próximo al mar, rodeadas de los huesos y los restos de piel de los marineros muertos, esperan a los navegantes para atraerlos con sus cánticos hacia los acantilados.
[...]Odiseo, firme al timón, se aproxima con arrojo a la morada de las sirenas. Sus marineros se aterran al escuchar los cánticos. Presa del terror, se atan entre sí a las partes fijas de la nave, no quieren morir y ser devorados. Sus caras congestionadas por el miedo, sus ojos casi inyectados en sangre, sorprenden al decidido Odiseo que continúa su firme bogar. El timón es dócil a su mandato y la nave responde a su mano, que la conduce con destreza a través del proceloso mar. Odiseo se sorprende del temor que ve reflejado en las caras de sus marinos, no alcanza a conocer el porqué de este temor. Para él no es más que un paseo, en una tranquila tarde del otoño griego.
[...]Así como Argos, que fue ayudado por Hera la diosa de los vientos, logró cruzar frente a los temidos cantos de las sirenas, así Odiseo cruza firme y seguro frente a sus costas, para continuar su bogar hacia su amada Itaca.
[...]Las sirenas desconocían que Odiseo era sordo...


Tomás González Santos

Melancolía

Melancolía
De: "Yo mismo"
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Me asalta la melancolía a menudo, como si el vacío que casi eternamente siento, quisiera salir volando, como mis propias fantasías. Con sus propias alas. Es una sensación grata, ingrata, agradable y horrible a la vez. Me hace sentir tristeza, una profunda tristeza, pero a la vez son los momentos de inspiración para mí, momentos en los que mis ansias de escribir y poner en el papel mis sensaciones y sentimientos, se despliegan en todo su esplendor, con todo su poder.
Como si las fuerzas del abismo no pudieran contener el manantial de palabras, frases, ideas, sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, y estos se fueran a cumplir todos a la vez, y para una única vez.
Oh!, el alma del hombre es tan difícil de entender, que ni yo mismo me entiendo. Necesito amar, ser amado, sentir que me aman, sentir que amo, que me necesitan y que necesito. Que me escuchan y escucho, que me halagan y halago, que me abrazan y abrazo.
Oh!, los poetas. Muchas veces me acuerdo de los románticos, esos seres, hombres y mujeres, que amaron el mundo, la vida, hasta sentir que ya no la necesitaban. Que sensación tan terrible debe de ser el sentir que la vida no nos pertenece, ni nos necesita, ni nos llama, ni nos ve, ni nos escucha, que nadie nos comprende ni comprendemos. Es una encrucijada terrible, que sólo encuentra la salida en una muerte que se ve como hermosa, como para llenarte de vida. Qué paradoja, sentirte lleno de vida en la muerte. Esa que sólo nos llama una vez, pero que cada día está presente frente a nosotros.

Dulce amargor de la vida,
amarga dulzura de la muerte,
Terrible agonía en mi alma
Que no sabe,
No ve,
no encuentra,
el sentido de su vida.
El olor del aire fresco me reanima,
El trino de los pájaros me desvela,
En una terrible danza, que para nada es la muerte,
Y para mí, es como perder la vida.

“No podrás impedir que la melancolía sobre vuele tu cabeza,pero sí trata de lograr que no haga su nido en ella”. Poeta chino del S. XI.

“ Yo mismo” [Seudónimo]

jueves, 13 de diciembre de 2007

¿Sueño o Realidad?

¿Sueño o Realidad?
De: Paloma Rodríguez
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]


El sol les quemaba la nuca, y entre el peso de las mochilas, y que no había una sombra en varios kilómetros a la redonda, estaban sudando; pero no les importaba. Estaban felices.
Habían acabado los exámenes ese mismo día, y por fin habían llegado al sitio donde pensaban
acampar ese fin de semana pera celebrar las vacaciones. Su felicidad hubiera sido completa si su amigo Juan hubiera podido ir pero le era imposible y, a cambio de eso, cuando Pepe se enteró de que Juan no iba se había auto invitado con todo el morro. Pero bueno, no por eso iban a estar de morros. Estaban decididos a pasarlo bomba y no iban a dejar pasar esa oportunidad.
Cuando llegaron al sitio donde pensaban acampar, Pepe como siempre se puso a decir que tenían que hacerle caso a él porque era el que más sabía; pero nadie le hacia ni caso… Clara y María, agotadas, se dejaron caer en el suelo apoyando la espalda contra una roca mientras Luis y Pepe intentaban montar las tiendas y se reían de lo vagas que eran…
En eso, María miró haciéndose la ofendida por sus bromas encontró en el suelo un collar precioso, hechos de piedrecillas muy pequeñas que según les daba la luz parecían verdes o azules, y tenían unos reflejos increíbles que te absorbían y no podías dejar de admirarlo. María se lo puso enseguida al cuello mientras se lo enseñaba a los demás.
Una vez montadas las tiendas se fueron al pueblo más cercano a comprar algo de comida para los días que pasaran allí. Entonces les pareció que un anciano que parecía tener mil años no les quitaba los ojos de encima. Inquietos peguntaron a la amable vendedora si le conocía y ella contestó con una sonrisa que no se preocuparan, que era un anciano encantador que vivía en el pueblo desde siempre y que las abuelas del lugar comentaban que cuando ellas eran niñas ya era tan viejo pero nadie sabia su edad por que cuando le preguntaban sonreía y no contestaba.
Pero que era un hombre muy amable que se sabia todas las leyendas de los alrededores y que si se acercaban a él seguro que les contaba alguna.
Siguiendo el consejo de la vendedora se acercaron al anciano para que les contara alguna leyenda ya que no tenían nada que hacer más urgente. Cuando llegaron a él, cualquiera diría que les estaba esperando sentado en una silla a la puerta de su casa, “tomando la fresca” según dijo. Se quedo mirando el collar de María porque, según dijo, le recordaba al collar de la leyenda del lugar. Se dispuso a contarles la historia. Se aclaro la garganta y contó:
Hace cientos de años no se sabe exactamente cuántos, vivía en la aldea que había donde ahora está el pueblo, un montón de campesinos que se dejaban la piel trabajando el campo para poder pagar los impuestos que les exigía su señor, un conde de poca monta al que todas las mujeres nobles habían rechazado por ser pobre. Se comentaba que su madre le era infiel a su marido y que el no era hijo del conde, por tanto no tenía sangre noble y nadie quería tener nada que ver con él, llamado el conde Guzmán. Los campesinos, a pesar de todo lo que trabajaban, estaban contentos pues en dos días habría fiesta en el pueblo ya que Aday y Teseo se casaban por fin.
Aday era un chica castaña clara con reflejos rojizos en el pelo, ojos miel y un cuerpecito pequeño que le hacia parecer delicada cuando en realidad era una persona muy decidida, y testaruda. Aun así era amable con todo el mundo y sobre todo era trabajadora. Estaba enamorada de Teseo, un chico de dos años mayor que ella, avispado, inteligente, fuerte y solicíto.
Hacia años que estaban enamorados
el uno del otro pero había decidido esperar a que Aday creciera un poco para casarse. Por fin, sólo faltaban dos días.
Ese día Teseo fue a casa de Aday para regalarle un collar precioso, como el que llevaba María, diciéndole que el collar dejaría de brillar cuando él dejara de quererla. Ella emocionada lo besó y se despidieron tan contentos sin saber que el destino les tenía preparada una desagradable sorpresa.
La sorpresa del destino era proporcionada por el conde Guzmán que, harto de tantos desaires de las damas nobles, se decidio casarse con una campesina de la aldea. Sus ojos se posaron en Aday, a quien mando secuestrar esa misma noche de su casa para ser llevada a palacio. Una vez allí el conde le ordenó que se casara con él con pena de cárcel si se negaba. Aday, orgullosa como era, dijo que estaba enamoradas de Teseo y que no quería casarse con el conde. Pero contra todo pronóstico, el conde no se enfadó. Se limitó a sonreír y a pedir que prepararan los aposentos a su futura esposa. Nada más salir esta de la habitación, mando matar a Teseo.
Teseo fue despertado en mitad de la noche por el anciano Quarle, el consejero y curandero del pueblo que sabía algo de magia pero era un poco chapuzas lanzando hechizos. El anciano avisó a Teseo de los planes del conde y le mando esconderse en el bosque hasta que tuvieran un plan para salvar a Aday.
Cuando Aday despertó a la mañana siguiente, el conde la estaba esperando para desayunar y decirle que Teseo había muerto esa noche. Cuando Aday oyó eso se desmayó del dolor y al despertar decidió que la vida sin Teseo no tenía sentido. Decidió llamar al conde para decirle que no hiciera daño a su familia, que se casaría con él. ¡Qué más da! -se decía a sí misma- sin Teso mi vida no tiene sentido. Sé que jamás amaré a nadie que no sea él, y ha muerto por mi culpa. Si yo no se lo hubiera nombrado al conde, no le habría matado. Ahora mi vida esta vacía y no quiero que haga más daño a mi familia.
Rezaba llorando para que Teseo, que seguro que estaba en el cielo, la entendiese y la perdonase por prometerse con otro hombre un día después de su muerte. Cuando pudo dejar de llorarle y se sereno; fue decidida a la ventana y tiró el collar que seguía brillando cono el día anterior. Aday pensaba que era indigna de llevar un collar que simbolizaba el amor, si se casaba sin amor y sin ganas de vivir.
Mientras en el pueblo el anciano se devanaba los sesos buscando una solución para salvar a Aday y no se le ocurría nada, decidió lanzar un conjuro que hiciera que el tiempo pasara más despacio y le diera tiempo para pensar un plan que pudiera llevar a cabo.
Pero, como ya hemos dicho, era un chapucero, en vez de hacer que el tiempo fuera más despacio lo paró del todo. Todo el mundo en el pueblo cayó en un sueño eterno y el tiempo se paró para siempre en esa aldea…
Cuando el anciano terminó la historia así con ese final que no era ni feliz ni desgraciado del todo, se quedaron en silencio, sumergidos en sus propios pensamientos. Cuando unos minutos después Luis miró el reloj y vio la hora se apresuraron a despedirse pues el anochecer estaba próximo y no querrían perderse a la hora de llegar a las tiendas. En el camino estuvieron silenciosos y pensativos pero cuando llegaron a las tiendas y se pusieron a hacer la cena, se les pasó y volvieron a alborotar como siempre. Pasaron una noche increíble, riendo, hablando de todo y de nada pero por fin se fueron dormir cansados de un día tan intenso…Quién diría que esa misma
mañana habían hecho un examen…
Cuando blanca la criada del conde guzmán despertó aquella mañana todo el mundo estaba acelerado preparando la boda del conde, pero ella se sentía rara. Sabía quién era. Se llamaba Blanca y llevaba 14 años al servicio del conde, sin embargo algo no le cuadraba, se encerró en su cuarto pretextando que se encontraba mal…necesitaba pensar… había algo que no le cuadraba en su vida, si ella era Blanca por qué pensaba que se llamaba Clara y por qué llamaba a la señora Aday Maria, por qué tenia el recuerdo de otra vida con cosas que no existían, por lo menos no en esa época… Cuando consiguió ordenar un poco sus pensamientos, se dio cuenta de lo que pasaba aunque tenía dudas de si no estaría loca. Pero ella se llamaba Clara y no tenía más que 18 años, y estaba dentro de la historia que el anciano les había contado. No sabia cómo pero cada uno de sus amigos era un personaje de la historia y si Aday era María y Pepe era Guzmán, no hacía falta ser muy listo para saber que Luis sería Teseo. Corriendo salió de su cuarto y fue a hablar con Aday pera decirle que Teseo seguía vivo, que retrasara la boda lo más posible para poder darle tiempo a Teseo a poder llegar para salvarla. Aday le dijo al conde que quería retrasar la boda dos horas pero el conde se negó y después de suplicarle mucho accedida retrasarla media hora, ni un minuto más. Aday estaba entre desesperada y contenta. Y no entendía por qué llevaba el collar al cuello si pensaba que lo había tirado pero no había tiempo para pararse a pensar. Mando a Blanca-Clara a hablar con el anciano Quare para pararle antes de que realizase su conjuro. Curiosamente el anciano no
pareció sorprenderse con la historia de la criada y la creyó de inmediato. Después de
pensar un rato los dos juntos tuvieron una idea brillante. Ahora que contaban con una
aliada en el castillo del conde le darían un bebedizo para que durmiera durante horas mientras el anciano iba a avisar a Teseo al bosque. Para entrar al castillo con ayuda de Clara se pondría los vestidos del conde y se casaría con Aday en lugar del conde y para cuando el conde despertara ellos ya estarían lejos y casados por la iglesia.
Todo el plan salió bien excepto una cosa. El conde estaba tan nervioso con la boda que no se bebió el vaso entero con el bebedizo y se despertó antes de tiempo, justo cuando Aday decía el “sí quiero”. Cuando la llorosa Aday vio al conde gritando no entendía qué pasaba si el conde estaba allí ¿quién era ese que tapaba su cara con un gorro tan aparatoso?
Entonces le quitó el sobrero de un
manotazo y descubrió a su amado Teseo. Entonces rápidamente descubrió que había pasado. No sabia como lo habían hecho pero le daba igual ella estaba con su amor. Teseo no dio tiempo a deleitarse y agarrándola del brazo la obligó a ir corriendo a las cuadras donde montaron un caballo seguidos de Blanca que descubierta su traición al conde, la condenaría a muerte. Pero el conde también fue rápidamente a las cuadras y galopó tras ellos para darles alcance y vengarse.
No llevaban recorridos ni dos kilómetros cuando vieron el caballo del conde acercándose peligrosamente a ellos, pero cuando estaba a punto de cogerles el caballo de Teseo y Aday y el caballo de Blanca cruzaron un río y al llegar a la otra orilla ya no estaban Teseo y Aday en un caballo y Blanca en otro, solo estaban Luis, María y Clara tirados en el suelo… y pronto se les unió Pepe porque el conde metido en la persecución cruzó el río también y llegó a la otra orilla
convertido en Pepe.
Cuando se recuperaron de la sorpresa, no se lo podían creer. Mientras se ponían en marcha para volver al campamento se dieron cuenta de que María no llevaba el collar. Y entonces decidieron ir al pueblo a ver al anciano al que pidieron que les contara la historia y la historia era igual en todo menos el final, ya que la leyenda después de contar la boda entre Teseo y Aday, decía que huyeron y el conde nunca los pudo alcanzar…
María, después de tanta aventura, estaba un poco triste y Luis se dio cuenta de ello y empezó a bromear del “sí quiero”que le había dado minutos antes en el altar. María se enfadó con él y le preguntó si haría lo mismo por ella que Teseo por Aday. Él no supo que contestar.
Hacía tiempo que sentía algo por María y había estado pensando si algún día podrían estar juntos, pero en este momento no sabía qué decir. María al ver el silencio que Luis guardada empezó a andar y éste le detuvo y la beso y dijo que aunque el no fuera Teseo, tampoco hubiera dejado que se casase con otro hombre al que no amase.
Finalmente recogieron el campamento y se fueron, pasaron por la ciudad para despedirse
del anciano, pero nadie sabía qué había sido de él. Desilusionados fueron a la estación para coger el autobús de vuelta casa.
María creyó ver a lo lejos al anciano Querla, se acercó y le saludo e intentó explicarle lo
sucedido. Pero pronto quedó callada sabiendo que el anciano ya sabía lo que había pasado.
Querla sonrió y le dijo “gracias, me habéis salvado, yo dormí al pueblo, el error
fue mío. Ahora podré descansar, ha llegado el momento de desaparecer y descansar” y le dio un beso en la frente a María. Luis llamó a María pues el autobús ya se iba. Ella se fue a despedir con un beso del querido Querla y cuando se giró, éste ya no estaba.
En el autobús sentada al lado de Luis, se dio cuenta de que lucharon por el amor de Aday
y Teseo. En ese momento vio que a su lado estaba Teseo en vez de Luis, pero solo fue una ilusion. Entonces decidió que si habían tenido fuerza para luchar por un amor que no era el suyo, nadie podría con el suyo igual que nadie pudo con el de Aday y Teseo.

Paloma Rodríguez

Paradoja

Paradoja
De: Laura de Andrés Sáiz, Verónica del Álamo Mayo
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]


Tras varios minutos de reflexión, Andrea se preguntó qué hacía en aquella casa. Los rayos de sol que atravesaban la ventana, la habían despertado. Se encontraba en una cama extraña, una
habitación extraña, un lugar extraño, ...
Se levantó mareada. No recordaba nada de lo que había pasado la noche anterior.
Andrea decidió recorrer la casa, parecía recuperada del mareo aunque lo veía todo difuminado, como si una intensa niebla hubiera inundado el lugar. Lo que vio no la dejó indiferente. Descubrió que había muchos objetos similares a los de su casa.
Tras echar un vistazo por aquel lugar, Andrea encontró la cocina. Sobre la encimera descubrió un cuchillo, ensangrentado, con un extraño grabado en el mango. Salió dando tumbos de allí y cuando iba a cruzar la puerta de la entrada tropezó y cayó de bruces.
Lentamente, bajó la mirada a sus pies para visualizar el obstáculo. Un grito mudo salió de su garganta: ¡No podía ser! Con lo que se había tropezado era un cuerpo inerte, su cuerpo inerte.
Salió corriendo a la calle. Vio que ésta le resultaba familiar, se parecía a su barrio pero con pequeñas diferencias.
Llamó histérica puerta por puerta hasta que en la última de todas las casas le abrieron. Era su amiga Cecilia, pero extrañamente más vieja. Ésta la miró sorprendida.
De repente Andrea se volvió a encontrar mal, se le iba la vista, ... se desmayó.
Cuando despertó se encontraba en su habitación. Bajó rápidamente las escaleras. Todo era igual, igual que siempre. El alivio recorrió su cuerpo. Sólo había sido un
sueño.
Salió a la calle y corriendo se dirigió a la casa de Cecilia. Ésta le abrió la puerta y la invitó a tomar un café y un trozo de pastel.
Andrea le iba a contar el sueño que había tenido cuando de repente vio que el cuchillo con el que Cecilia iba a cortar el pastel tenía el mismo grabado que el de su sueño. Entonces Andrea lo comprendió todo y salió corriendo de la casa para no volver jamás.
Fin

Laura de Andrés Sáiz
Verónica del Álamo Mayo

jueves, 6 de diciembre de 2007

El chuplaneta

El chuplaneta
De Enrique Laborda, Graciela González, Daniel García y Laura Ruíz
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]


Amaneció otro día más en el mundo de Piruleta. Su planeta era llamado Chuplaneta.
Era un dulce domingo por la mañana cuando las familias, Ladrillo, Huevo, Melón, Palote... y en definitiva todas las que habitaban el planeta estaban de camino hacia la plaza donde se levantaba un monumento a su dios. Alli los ancianos contaban la historia de la humanidad a los más jóvenes pues no querían perder su historia.
El más anciano ya estaba sentado bajo la estatua del Gran Palo, su dios, que era adorado por todos. Nunca nadie lo había visto, pero algunos basándose en los estudios teológicos aplicados a la palología, decían que era de azúcar. Su creencia principal es que Palo siempre fue, nunca fue creado. Esto es lo primero que se enseña a los niños, y más tarde aprendían la historia de la creación de su mundo para que vieran el poder de Palo y lo adoraran. Esa era la lección que hoy
tocaba.
El anciano comenzó:
El primer día Palo creó el chocolate y la vainilla. En esta colocó un gusiluz que les iluminaba
y les daba calor, ¡oh, gran problema! Podían derretirse por lo que el sabio Palo decidió apagarlo durante unas horas creando de este modo el día y la noche y los separó, quedó satisfecho con ello y se fue a descansar.
El segundo día separó el chocolate de la leche dando lugar a las partes sólida y líquida.
El tercer día, viendo que alguien debería disfrutar de estas maravillas, creó a los seres dulces, con voluntad propia, que como se aburrían combinaron chocolate y leche formando
una gama de sabores espectaculares.
Y dios vio que todo esto era muy empalagoso y se cansó, asi concluyó la creación”
Los niños estaban tan absortos con las enseñanzas que el anciano continuó con su relato:
“Azucarados días más tarde surgió un profeta. Era un hombre sencillo que cavando en una mina en busca de avellanas y almendras oyó la voz del gran Palo que le dijo: “ Piruleto yo soy el que soy, dulce y amargo a la vez, soy el dios del chocolate y la vainilla y te ordeno que propagues mi doctrina. Libera a mi pueblo de la diabetes y envíale a la tierra que emana muesli, frutas, verduras y cereales integrales, llamada Special K.” de esta forma surgió el Caramelismo.
Semanas más tarde Palo envió a su hijo a Chuplaneta para salvarles, pues no habían hecho caso al profeta. Su nombre era Dulcisto y tenía largas melenas chocolateadas y barba de mazapán.
Predijo que todo se volvería agrio si no iban a la tierra de Special K. Los seres del planeta prefirieron adorar a otros dioses y no cumplir la promesas, crearon naves espaciales de
algodón de azúcar ya que el profesor Huesito descubrió un planeta creado de glucosa.
Todos se pusieron en marcha, menos una pareja que siguió creyendo en Palo y se quedó. Una vez en el espacio descubrieron desolados que el planeta de glucosa no existía. Todo había sido una alucinación del profesor por una bajada de azúcar. Se quedaron en la nave hasta que perecieron y en el mundo sólo quedó una pareja de la que procedemos ya que Palo les condujo a la tierra de Special K por su lealtad, y gracias a ellos tenemos frutas, verduras y cereales en nuestro
mundo”
Finalizada la historia del anciano los niños dieron gracias a Palo por librarles de la diabetes y se fueron a sus casas.


Enrique Laborda
Graciela González
Daniel García
Laura Ruiz

Dulce ausencia

Dulce Ausencia
De Pilar del Campo Puerta
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]


Nunca pensé que pudiera sucederme. Desde niña, desobediente, jamás hice caso de las advertencias de mi madre: “¡Vas a acabar contigo!”
Cuando no era por arriesgada con la bicicleta, era por intrépida encaramada en los árboles; y mi
madre, claro está, temía por mi vida. Más adelante en mi historia lo mismo: “¡Vas a acabar contigo!” Eran los viajes continuos y los incesantes cambios horarios los que me tenían trastocada y, como consecuencia, pastillas para estar despierta, pastillas para estar dormida. Y ahora no sé si lo uno o lo otro, lo cierto es que no estoy. No me hallo, no me encuentro. ¿Existo?
Anoche cené con unos amigos y he de decir que de ligero nada: huevos salteados con gambas y
espárragos trigueros, salsa barbacoa con delicias grasientas y abundantes en colesterol, varias
copas de vino, pinchos morunos, angulas, salpicantes, ajosarrieros, empanada, chucrut, kebap… y tarta de chocolate, como no podía ser de otra forma. Me estallaba la cintura, pero todo era tan apetitoso, que no me daba tregua para tomar aliento. Claro que si tomo, además, algo de aliento, ya no me hubiese cabido el licor del postre. Fue una velada amena que duró hasta bien entrada la madrugada y, cuando el sol empezada a despuntar, me fui a dormir. ¿Con pastillas? No
recuerdo. Lo único cierto es que no existo.
¿Dónde estoy? Volvieron a sonarme en los oídos las palabras de mi madre: “¡Vas a acabar contigo!” Pero sé que no estoy muerta, doy fe de ello porque respiro, veo, siento. Siento el calor del sol que no se cuándo ha aparecido, o cuándo he aparecido o desaparecido yo.
Lo cierto es que…
Todo empezó cuando al abrir los ojos vi que yo no era yo. Me puse muy nerviosa y comencé a dar paseos desasosegados por la habitación. La tarde anterior me había hecho la manicura francesa y no estaba por la labor de comenzar por mi gran vicio. Así, introduje mis manos en guantes de lana y, voluntariamente maniatada, seguí paseo arriba y abajo por toda la casa. No quería abusar de los tranquilizantes, pues las copas de vino, el champán y el licor de la cena podían hacer en mi interior una bomba de relojería; así que tenía que acudir a los remedios caseros de toda la vida, de toda mi vida: los hidratos de carbono y las uñas; es decir, al pan y a acabar con la manicura francesa. Acudí a la panera y ahí quedaban, anónimos, los trozos sobrantes de la cena, casi duros pero apetitosos. Cogí el más pequeño y le di un mordisco, luego me quité los guantes y… “¡Ñam!”, mordisco de uña. Una, dos, tres... Seguí con un trozo más grande de pan y “¡Ñam!¡Ñam!”, luego un dedo, dos, tres… Sí, digo dedo, pues las uñas ya se me habían acabado. He de reconocer que aquella mezcla me gustó pues me recordaba las meriendas de infancia.
Logré, al cabo de un rato, serenarme mientras la mente se iba en devaneos y recuerdos de infancia, de adolescencia y de madurez. No sé cuanto duró la meditación, pero en ese intervalo de querer adivinar mi futuro conforme había transcurrido el pasado me fui quedando transpuesta; tampoco soy consciente del rato que estuve en brazos de Morfeo, pero lo cierto es que cuando quise retomar mi existencia la voz de mi madre se hizo más poderosa “¡Vas a acabar contigo!” ¿Cómo que voy a acabar conmigo? ¡He acabado conmigo!
Solo me quedaba la boca. Por arte de birli birloque me había convertido en un ser de chocolate y me ha había comido poco a poco, empezando por las uñas, luego los dedos, después los brazos,
codos, piernas, rodillas, pies,… , el resto, y solo me daba la boca. ¿Dónde estaba?
Levitando, me acerqué a la habitación de mis hijos y les besé la frente con toda la intensidad que podía; luego fui al lecho donde dormitaba mi amado y le besé los labios con el ardor de la madrugada, pero ninguno se percató de mi dulce ausencia.
Decepcionada y sin saber qué hacer, hice lo que creí más oportuno: sacar la lengua y lamer lo que quedaba de mí hasta desaparecer.
¡Despierta! –dijo él mientras asomaba con una humeante taza de chocolate- ¡Es domingo y te mereces desayunar en la cama!
Me incorporé y, con todo el dolor de mi corazón, respondí: “No gracias, ya he tenido bastante”.


Pilar del Campo Puerta

Poema

Sin Título
De Javier
[Poema publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]

Veo el mar
Inmenso, oscuro
Las nubes amenazantes
Descargan su ira,
Cegadoras luces
Atronadores ruidos
Y aguas furiosas
Todo cambia
El eterno mar
No con la ira
Que era liberada
Por su sino más oscuro
Sino calmado y luminoso
Por una misteriosa luz
Que surge entre las nubes
Alzo la mirada
Busco el origen
De este sosiego
Y veo a la luna


Javier

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Lecturas recomendadas

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Esas pequeñas gotitas

Esas pequeñas gotitas.
De Carmen Ruiz de Clavijo Martínez.
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]


Hoy mis amigas del equipo “pequeñas gotitas” y yo nos levantamos con mucho frío. El día está nublado y ya empiezan a verse nuestros amigos los rayos. El ambiente es tenso y chocamos con otro algodón donde habitan muchísimas más gotas. Nos invaden y atacan los soldados granizo. Nosotras rápidamente nos ponemos nuestro abrigo blanco y nos disponemos a caer con nuestro pequeño paracaídas. Nos tiramos y cuando pasamos la neblina observamos que aterrizaremos
en las grandes montañas del llamado Pirineo. Al caer nos juntamos y formamos una capa por el
suelo. Allí conocemos al equipo “copos de nieve” que son muy guapetes y nos invitan a estar con ellos. Al levantar la vista observamos que estamos rodeados por esquiadores que se deslizan a gran velocidad; nos pasan por encima, se escucha música a gran volumen y a nuestro abrigo blanco se le derrite el relleno. Pasan los días, cada vez hace más calor y hay menos esquiadores. Alguna de mis amigas tiene un novio de los copos pero se acerca la primavera y llega el momento de marcharnos; este año pocos somos los que hemos bajado y los ríos y riachuelos por los que viajaremos serán muy delgados. Ya es marzo y este año el calor aprieta desde muy temprano. La temperatura hace que perdamos nuestros abrigos por lo que nos volvemos delgadas transparentes. En gran avalancha nos juntamos y llegamos a los riachuelos y ríos ¡qué mareo! Muchas nos perdemos e intentamos sobrevivir al calor, pero a más de una le toca volver a subir a los algodones para viajar a otros destinos. Este año el planeta sufre un gran cambio, pero son las personas que lo habitan las únicas que pueden ayudar a que nosotras, esas pequeñas gotitas, bajen todos los inviernos a esos preciosos Pirineos.


Carmen Ruiz de Clavijo Martínez

Recuerdos

Recuerdos
De Jéssica Hernánz.
[Relato publicado en la revista piloto durante el año académico 2006/2007]


Ahí está, sentada, pensando supongo. ¿Qué puede hacer una abuelilla ahora a estas alturas
de su vida? Ya tiene a sus hijos casados, nietos creciditos, y la pena de la pérdida de la persona a la que amaba aún se le refleja en los ojos, detrás de un grueso cristal oscuro.
Decidme: ¿Alguno de vosotros se ha parado a pensar en la vida que tuvieron anteriormente alguno de los abuelos o abuelas, que pasean cada día en vuestro barrio?
Yo sé esta historia. Se sitúa hace ya mucho tiempo, dentro de España, allí por la Solana, en esos campos donde el azafrán crece y la gente es abierta. Por aquel entonces todavía salían los vecinos hasta altas horas de la noche a la calle, con sus sillas, y se pasaban el tiempo hablando y hablando...
Esa noche se comentaba la fiesta del día siguiente; se esperaba algo grande, pues el alcalde había prometido un gran premio: mil duros a quien gastara la mejor broma, pues eran los Santos Inocentes. La noche se acabó, y el sol anunció ese día tan esperado. Ángela se levantó. Una sonrisa extraña le relucía en la cara. Su abuela le preguntó: “¿Niña qué te pasa, es que acaso vas a ganar el premio de los inocentes?” “Quién sabe.”, respondió con tono despreocupado. La abuela sólo sonrió y le dijo que hiciera de la suyas por ahí, pero que volviera antes de las seis para preparar los buñuelos de la fiesta de esa noche. Ángela tenía que ganar el concurso de buñuelos como todos los años: “Tranquila que llegaré pronto, y serán los más comentados de toda la historia de este pueblo”.
Esa noche todo el mundo se reunió en la plaza del pueblo. ¿Quién sería el ganador de ese estupendo concurso de las inocentadas? Estaba todo dudoso. Las bromas no habían sido muy buenas.
Tomás, el panadero, había gastado una que le había costado el hinchazón de un ojo. Vendió a Luisón un pan mohoso, de varios días. Éste no lo notó hasta llegar a su casa y, con el humor que todos conocen en el pueblo, volvió a la tienda y se lió a puñetazos con el pobre Tomás.
A Bartolo le habían pintado las cabras de tinte de colores, pero los autores de este terrible crimen hacia el mundo animal, estaban demasiado borrachos para salir corriendo después de la fechoría, por lo que se quedaron durmiendo entre los desconcertados animales, llevándose por la mañana su merecido despertar a base de fuetes garrotazos de parte del cabrero, que aún no se había recuperado del susto recibido al ver a sus dulces bichos tan vistosamente decorados.
Y bueno, la mujer del alcalde, al cortarle el pelo a su marido, como él no se daba cuenta, se lo cortó a lo monje, con una calva en la coronilla; allí iba ella tan orgullosa por el pueblo de la inocentada que le había gastado a su marido, aunque el pobre hombre no estuviera tan orgulloso de su nueva imagen.
En fin, el caso es que el alcalde se subió encima de una plataforma, y con voz aguda dijo:
“Buenas noches. Antes de decidir el ganador del concurso de este año, pasaremos al concurso del mejor buñuelo”. Las chicas del pueblo empezaron a subir, le ofrecían una bandeja de buñuelos al alcalde. Éste ponía cara de felicidad al degustarlos; sus kilitos de más hacían ver que era goloso. La última, pero no menos esperada por sus triunfos anteriores, era Ángela. Al alcalde se le iluminó la cara especialmente, pues sus dulces solían ser exquisitos. Cogió uno mirándolo con deseo, abrió su gran boca y se lo metió de un golpe. Cuando cerró la boca dándole el primer mordisco, ¡lo escupió de repente! “¡Que asco! ¿Pero qué es esto?” Retrocediendo en el tiempo, esa tarde Ángela llegó a su hora, se fue al corral, y con las boñigas de los burros bien redonditas y bien enharinadas, preparó una fabulosa bandeja para la fiesta: “Boñigas de burro” respondió Ángela partiéndose de risa. Unas explosivas carcajadas empezaron a sonar entre la gente, las risas duraron mucho, y sus buñuelos fueron muy comentados, y sobra decir quién gano el concurso de los Santos Inocentes.
Ahora, mucho tiempo después las risas de ese día, ya no suenan. Bueno, no suenan para nosotros, porque ahí, en esa cabecita sentada en el banco, viendo la puesta del sol, se oyen muy cerca.
De repente a la anciana le rebotó un último rayo de luz en las gafas: “Niña ven aquí, vamos, la puesta de sol se ha acabado, y empieza a refrescar”. “Sí, abuela,” dije yo, “vamos ya”. Se agarró a mi brazo y con dificultad nos encaminamos hacia casa.
Es difícil de comprender, ¿a quién de nosotros se nos hubiera ocurrido esa idea para ganar un concurso? ¿ Quién se imagina que esa persona tan indefensa ahora, ha sido tan viva? Mucha pena no me da, aunque la mayor parte de su vitalidad la ha perdido. Tiene sus recuerdos, y lo más importante, tiene a quien contárselos, a nosotros sus nietos.


Jéssica Hernánz

martes, 4 de diciembre de 2007

Mercedes Vozmediano Fernández

Creaciones de Mercedes Vozmediano Fernández:

Selección de Poesías [Poesía]

De niño a mendigo [Relato]

Ana Isabel García Vozmediano

Creaciones de Ana Isabel García Vozmediano:

Krispin [Fotografía]

Selección de poesías [Dibujo]

Tomás González Santos

Creaciones de Tomás González Santos:

La violación [Relato]

Canto XII [Relato - adaptación]


Puente de Segovia [Fotografía]

A Nora [Poesía]

Al Puerto de Santa María y al Gaudalete [Poesía, Fotografía]

Pilar del Campo Puerta

Creaciones de Pilar del Campo Puerta:

Dulce Ausencia [Relato]

¡Oh Ababa! [Poesía]

De Estrecho a Alvarado [Relato]



Beatriz Hernando

Creaciones de Beatriz Hernando:

Cuando volviste [Relato]

Clara Janés [Poesía]

Dónde está la igualdad [Opinión]

Volver [Poesía]

Escribime [Poesía]

Último sueño [Relato]


Carta desde Madrid [Relato]

No debería ser [Poesía]

J. Laurent:Exposición [Exposiciones]

"Esto es vida": Una tarde en el huerto [Relato]

lunes, 3 de diciembre de 2007

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